
Al tener significados en común se construyen categorías en las que se crean normas, reglas de convivencia, de conducción y porqué no, el mismo uso del cuerpo, así la categoría de hombre y mujer se ve enmascarada socialmente con lo masculino y femenino —el género—, que restringe libertades de comportamiento. De esta manera la misma sociedad reproduce estereotipos que sirven de “guía” y entendimiento común.
Ser hombre o ser mujer no es lo mismo aquí que en China o Alemania, ni si es el siglo XXI o el XVI. El género, al ser una construcción social, varía en tiempo y espacio, dictando diferentes formas de lo masculino y lo femenino, pero siempre imponiendo la heterosexualidad como lo “normal” y “correcto”, como única vía y modelo de vida posible. Por ello un hombre femenino o una mujer masculina entran en conflicto, son transgresores. Un homosexual, aún peor.
El género se marca desde el nacimiento, en cuanto se sabe qué genitales trae el nuevo cuerpo se usan todas las formas posibles para moldearlos e integrar a hombres y mujeres reales, que cumplan con lo que se espera de los roles previamente impuestos. Carritos o muñecas, el rosa o el azul, pantalón o falda, cabellos cortos o largos, toscos o tiernas, rudos o lloronas, gritos, ofensas, golpes nada es suficiente para la formación del género.
Una de esas formas tan comunes, rudas y violentas, son las bromas, chistes y burlas contra lo “anormal”, esperando, absurdamente, que se regrese al buen camino, si no es por convicción, por lo menos por presión social. En casos como la homosexualidad, tema que me interesa explorar porque aún hoy, en pleno siglo XXI sigue siendo un tema tabú que se cuestiona, si es pecaminoso, patológico o correcto o si es antinatural. Seguimos encontrando personas que se sorprenden de ver a dos hombres dándose un beso o a dos mujeres que confiesen que son pareja. Preferimos ver sangre, asesinatos o escuchar ofensas que abrirnos a la diversidad del amor y al respeto, eso lo dejo como reflexión o transgresión a estas normas, aprovechando que la mesa es de esa transgresión a la producción y reproducción social.